Entrevista en Radio Intereconomía, en el programa A Media Sesión, al Dr. Santos Jiménez de los Galanes, jefe de servicio de Cirugia General y del Aparato Digestivo del Hospital Ruber Internacional para hablar sobre la diástasis abdominal, una patología que va mucho más allá de un problema estético.

La diástasis abdominal es un ensanchamiento y una pérdida de consistencia de la línea alba, que es el tejido fibroso que une en la línea media los dos músculos rectos del abdomen. Como consecuencia, ambos músculos quedan más separados de lo normal y la pared abdominal pierde parte de su capacidad para transmitir correctamente las fuerzas.

Es importante aclarar que no se trata de una rotura muscular. El problema está fundamentalmente en ese tejido central, que se ha distendido y debilitado.

Aunque uno de sus signos más visibles es el abombamiento del abdomen, no debemos considerarla únicamente una cuestión estética. La pared abdominal forma parte de un sistema funcional en el que intervienen también el diafragma, la musculatura profunda del abdomen, la columna lumbar y el suelo pélvico. Cuando ese sistema pierde coordinación pueden aparecer sensación de debilidad abdominal, dificultad para controlar el tronco, alteraciones posturales, dolor lumbar o molestias durante determinados esfuerzos.

Además, la diástasis puede asociarse a hernias umbilicales o epigástricas. Por eso debemos valorar al paciente en conjunto: no solamente cuánto mide la separación, sino cómo funciona su pared abdominal y qué repercusión tiene en su vida diaria.

¿Cómo puede una persona saber si la padece? ¿Cuáles son los síntomas de alerta?

Uno de los signos más característicos es la aparición de una prominencia o una especie de cresta en la línea media del abdomen al incorporarse desde la cama, toser, hacer fuerza o levantar las piernas. También es frecuente que el paciente refiera que mantiene un abdomen abombado incluso después de haber recuperado su peso habitual.

Otros síntomas que pueden hacernos sospechar una diástasis son la sensación de falta de fuerza en el abdomen, inestabilidad al realizar determinados movimientos, dolor lumbar, molestias alrededor del ombligo, dificultad para controlar la presión abdominal o síntomas relacionados con el suelo pélvico.

Existe una maniobra sencilla de autoexploración: tumbado boca arriba, con las rodillas flexionadas, se eleva ligeramente la cabeza y los hombros mientras se palpa la línea media. Sin embargo, esta exploración doméstica es solo orientativa.

El diagnóstico adecuado debe realizarlo un profesional mediante una exploración clínica y, cuando sea necesario, una ecografía dinámica de la pared abdominal. La ecografía nos permite medir la separación en distintos niveles, valorar la calidad y la tensión de la línea alba y comprobar si existen hernias asociadas.

Muchos pacientes piensan que la única opción es la abdominoplastia tradicional, con una gran cicatriz. ¿Cómo ha cambiado la cirugía gracias a la tecnología?

La cirugía ha cambiado enormemente. Durante muchos años, la reparación de la diástasis se vinculaba casi exclusivamente a la abdominoplastia abierta, que es una intervención muy eficaz cuando existe un exceso importante de piel, pero que requiere una incisión horizontal amplia.

Actualmente disponemos de técnicas mínimamente invasivas que permiten reparar la pared abdominal mediante pequeñas incisiones. Una de ellas es la técnica REPA, es decir, la reparación endoscópica preaponeurótica.

A través de pequeñas puertas de entrada situadas habitualmente en la zona inferior del abdomen, creamos un espacio de trabajo por encima de la fascia muscular. Desde allí podemos aproximar nuevamente los músculos rectos, reconstruir la línea media y tratar, en el mismo procedimiento, pequeñas hernias umbilicales o epigástricas.

También contamos con técnicas laparoscópicas y robóticas que permiten trabajar en diferentes planos de la pared abdominal. Esto nos da la posibilidad de seleccionar una reparación prácticamente a medida: no existe una única operación válida para todas las diástasis.

La innovación no consiste simplemente en utilizar una tecnología más moderna, sino en elegir la técnica que consiga una reparación anatómica y funcional con la menor agresión posible.

¿Qué ventajas reales tienen la laparoscopia y la robótica para el paciente?

La principal ventaja es que permiten realizar reparaciones complejas a través de incisiones pequeñas, reduciendo el impacto de una cirugía abierta extensa cuando esta no resulta necesaria.

Esto suele traducirse en menos lesión de los tejidos, cicatrices más pequeñas, una recuperación más rápida y una reincorporación más precoz a las actividades habituales. No obstante, conviene no simplificar: una cirugía mínimamente invasiva continúa siendo una cirugía de reconstrucción de la pared abdominal y necesita un periodo de cicatrización adecuado.

La cirugía robótica añade una visión tridimensional ampliada y una gran precisión de movimientos. Sus instrumentos articulados facilitan la disección y la sutura en espacios reducidos y permiten trabajar con mucha exactitud en planos profundos de la pared abdominal.

Sin embargo, ni la laparoscopia ni la robótica son automáticamente mejores para todos los pacientes. Su valor real aparece cuando se utilizan en la indicación correcta y por un equipo especializado. La tecnología es una herramienta; lo verdaderamente importante es una buena selección del paciente y una reparación técnicamente adecuada.

¿Cualquier grado de diástasis es apto para la técnica REPA o hay casos en los que se prefiere combinarla con otros procedimientos, como la eliminación de piel sobrante?

No todas las diástasis deben operarse y no todas las que requieren cirugía son candidatas a una REPA aislada. La elección depende de la anchura y longitud de la diástasis, de la calidad de los tejidos, de la presencia de hernias, de cirugías abdominales anteriores y, sobre todo, de la cantidad de piel sobrante.

La REPA resulta especialmente interesante en pacientes con una diástasis sintomática y con poca o moderada flacidez cutánea. En estos casos podemos reconstruir la pared abdominal sin realizar una cicatriz transversal extensa.

Cuando existe un exceso importante de piel, estrías muy marcadas o un faldón abdominal, una reparación exclusivamente endoscópica puede corregir la musculatura, pero no resolver adecuadamente el componente cutáneo. En estas pacientes puede estar indicada una miniabdominoplastia, una abdominoplastia convencional o una combinación de procedimientos.

Por tanto, no debemos intentar adaptar a todos los pacientes a una técnica. Debemos adaptar la técnica a cada paciente. Una valoración conjunta por cirugía de pared abdominal, fisioterapia y, cuando resulte necesario, cirugía plástica permite decidir cuál es la opción más proporcionada.

Desde la Agrupación Española de Diástasis Abdominal defienden que la cirugía sola no basta. ¿Por qué es crucial la fisioterapia especializada antes y después de pasar por el quirófano?

Porque la cirugía puede reconstruir la anatomía, pero la función debe reeducarse. Una pared abdominal no es únicamente una estructura estática: debe coordinarse con la respiración, el diafragma, la columna y el suelo pélvico.

Antes de la intervención, la fisioterapia especializada permite identificar alteraciones respiratorias, problemas de control de la presión intraabdominal, debilidad de la musculatura profunda o disfunciones del suelo pélvico. También enseña al paciente a levantarse, toser, cargar peso y realizar esfuerzos sin someter la línea media a presiones innecesarias.

Después de la cirugía, el objetivo es recuperar progresivamente la movilidad, la activación del transverso abdominal, la coordinación respiratoria y, finalmente, la fuerza. Esta progresión debe respetar los tiempos biológicos de cicatrización.

No se trata simplemente de hacer abdominales. De hecho, algunos ejercicios ejecutados demasiado pronto o con una técnica incorrecta pueden aumentar excesivamente la presión sobre la reparación. Por eso defendemos un tratamiento multidisciplinar y personalizado.

La cirugía reconstruye la pared; la fisioterapia enseña al organismo a utilizar correctamente esa pared reconstruida.

Una duda muy frecuente entre las pacientes jóvenes: ¿se puede operar la diástasis si se tiene intención de volver a ser madre o es imprescindible esperar a cerrar la etapa de embarazos?

Desde un punto de vista técnico, una mujer puede quedarse embarazada después de una reparación de diástasis. La intervención no impide un futuro embarazo.

Sin embargo, en términos generales, recomendamos esperar hasta haber finalizado el deseo gestacional. Un nuevo embarazo vuelve a someter la pared abdominal a una distensión muy importante y puede provocar una nueva separación, debilitar la reparación o alterar el resultado estético.

Ahora bien, no debemos convertir esta recomendación general en una prohibición absoluta. Puede haber pacientes con una diástasis muy sintomática, hernias asociadas, dolor o una limitación funcional importante que no tengan previsto un embarazo hasta dentro de varios años. En estos casos debemos valorar individualmente la intensidad de los síntomas, la edad, los planes reproductivos y el tipo de reparación.

Si se produce un embarazo después de la cirugía, es recomendable realizar un seguimiento coordinado y trabajar con fisioterapia especializada durante la gestación y el posparto.

Aunque es muy común en el posparto, la diástasis también afecta a hombres. ¿Cuáles son las causas principales en el perfil masculino y cómo responde a la técnica REPA?

En el hombre, la diástasis suele relacionarse con una combinación de predisposición individual y aumento mantenido de la presión intraabdominal. Son factores frecuentes la obesidad abdominal, las variaciones importantes de peso, el levantamiento repetido de cargas, determinados entrenamientos de fuerza mal ejecutados, la tos crónica o el estreñimiento mantenido.

También es habitual que se asocie a una hernia umbilical o epigástrica. De hecho, algunos hombres consultan inicialmente por una pequeña hernia y, al explorarlos, comprobamos que existe una debilidad más extensa de toda la línea media. Reparar únicamente el orificio herniario sin valorar la diástasis puede dejar sin tratar el problema global de la pared abdominal.

La técnica REPA puede ofrecer muy buenos resultados en pacientes varones bien seleccionados, ya que permite reconstruir la línea media y tratar simultáneamente las hernias asociadas mediante pequeñas incisiones.

Sin embargo, en los hombres con obesidad visceral importante, el aumento de presión desde el interior del abdomen puede comprometer el resultado. En estos casos, la pérdida de peso, el control de los factores de riesgo y la preparación física previa son fundamentales antes de plantear la cirugía.

¿Cómo es el “día después” de una cirugía REPA? ¿Cuánto tiempo debe esperar el paciente para volver a trabajar y, sobre todo, para retomar el ejercicio físico intenso?

La recuperación suele ser más rápida que después de una abdominoplastia convencional, pero durante los primeros días es normal presentar tirantez, inflamación, sensación de presión y molestias similares a unas agujetas intensas.

Animamos al paciente a caminar desde el primer día, evitando permanecer inmóvil. Dependiendo de la extensión de la reparación, puede llevar drenajes durante los primeros días y utilizar una faja abdominal aproximadamente durante cuatro semanas, siempre de acuerdo con las indicaciones del equipo quirúrgico.

Para un trabajo de oficina, muchos pacientes pueden reincorporarse aproximadamente entre los 10 y los 15 días. Si el trabajo implica esfuerzo físico, cargas o movimientos repetitivos, puede ser necesario esperar entre cuatro y seis semanas o incluso algo más.

La actividad física debe retomarse de manera progresiva. Inicialmente se recomiendan los paseos y los ejercicios respiratorios. Posteriormente se introduce el trabajo dirigido por fisioterapia. El ejercicio intenso, el levantamiento de grandes pesos y los entrenamientos abdominales exigentes suelen posponerse aproximadamente entre ocho y doce semanas.

Estos plazos son orientativos. La recuperación depende de la magnitud de la reparación, de si se ha tratado alguna hernia, de la evolución de las heridas y de la condición física previa. El objetivo no es volver al deporte lo antes posible, sino hacerlo cuando la pared abdominal esté preparada para soportarlo con seguridad.

Para terminar, ¿hay alguna forma de prevenir la diástasis abdominal?

No siempre puede evitarse. Durante el embarazo, la pared abdominal debe adaptarse necesariamente al crecimiento del útero y existe una combinación de factores hormonales, anatómicos y genéticos que no podemos modificar por completo.

Lo que sí podemos hacer es reducir algunos factores favorecedores y mejorar la capacidad funcional de la pared abdominal. Es aconsejable mantener un peso saludable, evitar variaciones bruscas de peso, tratar el estreñimiento y la tos crónica, aprender una técnica correcta para levantar cargas y realizar un entrenamiento adaptado de la musculatura abdominal profunda y del suelo pélvico.

Durante el embarazo, la actividad física debe estar supervisada y adaptada a cada trimestre. También es importante aprender a gestionar la presión abdominal al levantarse, toser o realizar esfuerzos.

En el posparto no debemos tener prisa por recuperar el abdomen ni comenzar ejercicios intensos sin una valoración previa. Una exploración realizada por un fisioterapeuta especializado puede detectar precozmente una alteración y establecer un programa progresivo.

Por tanto, más que hablar de una prevención absoluta, debemos hablar de disminuir los factores de riesgo, favorecer una buena recuperación y tratar precozmente los casos sintomáticos.