“Doctor, tengo piedras, pero no quiero que me quiten la vesícula”. Es una pregunta cada vez más frecuente en consulta y que no puede responderse simplemente con un sí o con un no.
La posibilidad de conservar la vesícula y tratar únicamente los cálculos biliares existe en determinados casos, pero requiere una valoración individualizada. No todos los pacientes son candidatos y la decisión no debe depender únicamente del deseo de conservar el órgano ni de la preferencia del cirujano.
El Dr. Santos Jiménez de los Galanes, especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Ruber Internacional, explica qué aspectos deben estudiarse antes de plantear una cirugía de preservación vesicular.
¿Es posible quitar las piedras sin quitar la vesícula?
En pacientes seleccionados puede valorarse una cirugía de preservación vesicular, cuyo objetivo es tratar los cálculos manteniendo la vesícula cuando esta conserva una anatomía y una función adecuadas.
Tradicionalmente, ante una enfermedad sintomática por cálculos biliares, el tratamiento quirúrgico habitual es la colecistectomía, es decir, la extirpación de la vesícula. Sin embargo, la preservación vesicular puede plantearse como alternativa en determinados pacientes siempre que exista una indicación médica adecuada.
“Cuando un paciente me dice que no quiere que le quiten la vesícula, mi respuesta nunca es directamente sí o no. Lo primero que debemos hacer es estudiar su caso”, explica el Dr. Santos Jiménez.
El primer paso: conocer los síntomas
Antes de plantear la posibilidad de conservar la vesícula es fundamental conocer la historia clínica del paciente y determinar qué síntomas ha presentado.
Entre las cuestiones que deben valorarse se encuentran:
- Si ha sufrido cólicos biliares.
- Si ha presentado episodios de colecistitis.
- Si ha tenido alguna pancreatitis relacionada con los cálculos.
- Si presenta digestiones pesadas u otras molestias digestivas.
- Si el dolor tiene las características habituales de un problema biliar.
- O si, por el contrario, las piedras se han descubierto de manera casual durante una prueba realizada por otro motivo.
No es lo mismo encontrar cálculos biliares de forma incidental en una persona sin síntomas que estudiar a un paciente que ya ha sufrido complicaciones relacionadas con la vesícula.
¿Cómo son los cálculos y en qué estado se encuentra la vesícula?
El siguiente paso es estudiar detalladamente las pruebas de imagen.
No basta con saber que existen piedras. Para determinar si la preservación puede ser una alternativa es necesario valorar aspectos como:
- El número de cálculos.
- Su tamaño y características.
- La presencia de barro biliar.
- La existencia de pólipos vesiculares.
- Una posible dilatación de la vía biliar.
- La presencia de signos de inflamación de la vesícula.
Toda esta información ayuda al cirujano a determinar las características de la enfermedad y a valorar qué estrategia puede resultar más adecuada para cada paciente.
Conservar la vesícula solo tiene sentido si funciona
Hay otro aspecto fundamental: la función de la vesícula.
El objetivo de una cirugía de preservación no debe ser conservar el órgano a cualquier precio. Si la vesícula está dañada o ha perdido su función, mantenerla puede no aportar ningún beneficio al paciente.
“Conservar una vesícula que no funciona no aporta valor. Por eso, además de estudiar los síntomas y las pruebas de imagen, tenemos que valorar su función”, señala el especialista.
Cuando los diferentes factores son favorables, puede estudiarse la posibilidad de realizar una cirugía conservadora. Si no lo son, el paciente debe conocer claramente por qué otra alternativa puede resultar más adecuada.
Preservar la vesícula: una opción para pacientes seleccionados
La preservación vesicular puede resultar atractiva para determinados pacientes, pero no debe presentarse como una cirugía exenta de inconvenientes.
Existe la posibilidad de que vuelvan a aparecer cálculos y algunos pacientes podrían necesitar una colecistectomía en el futuro. Por ello, la selección adecuada del paciente es uno de los aspectos más importantes.
En aquellos casos en los que existe una buena indicación, la preservación de la vesícula puede constituir una alternativa razonable, fisiológica y personalizada.
“La decisión correcta no es simplemente la que prefiere el paciente o el cirujano. Es la que tiene más sentido desde el punto de vista médico para ese paciente concreto”, concluye el Dr. Santos Jiménez.
¿Quién es realmente candidato a conservar la vesícula?
No todos los pacientes con cálculos biliares reúnen las condiciones necesarias para una cirugía de preservación vesicular. La función de la vesícula, sus características anatómicas, el tipo de cálculos y los antecedentes de cada paciente son determinantes.
En la segunda parte, el Dr. Santos Jiménez de los Galanes explicará qué pacientes pueden ser candidatos a conservar la vesícula, en qué situaciones no está recomendado y qué factores son determinantes para tomar la decisión.


